¿Conocen la sensación que se produce cuando se tiene una pesadilla que parece tan real como la vida misma y, al despertar, uno se da cuenta que todo ha sido un mal sueño? Este no era el caso. Al despertar Gastón se dio cuenta que todo era cierto, la pesadilla era vida.
Tenues haces de luz se colaban a través de las las persianas. Eran lo suficientemente molestos para alterar un sueño ligero, incómodo y mal construido. Se incorporó pesadamente quedando sentado sobre la cama. Mecánicamente, alargó su mano sobre el baúl que hacía las veces de mesita de noche y tomó el paquete de cigarrillos ¡tap! ¡tap! Dos golpes y el cigarrillo se deslizó entre sus labios. En la habitación, tan solo el sonido sordo de la combustión del cigarro. Siguió allí, sentado, vacío, exhalando el humo de aquella medida de tiempo que se consumía.
A su espalda, tumbada, ajena a lo que sucedía en la habitación, el cuerpo de una mujer sin nombre, sin rostro. Tan solo tetas, culo y coño. Gastón había tenido mejores pajas que el polvo de aquella mujer que allí se tendía. La noche anterior. antes de irse a casa con ella, ya lo había presentido, de hecho ni siquiera quería sexo con ella. Era el mono de tacto de piel, del calor de un cuerpo ajeno. Era el mono de aquello que se había ido. Aquella mujer no resolvía el problema, pero al menos lo distraía. Ahora tenía que resolver el otro, cómo desembarazarse de ella sin montar una escena. No la quería allí. Era como esos perros que llegada la noche se tumban en el lecho y comienzan a revolcarse.
Se incorporó y tomó la ropa de la noche anterior, no quería hacer ruido y tener que hablar con aquel bulto con el que compartía espacio. En la cocina, tomó los restos de café que habían sobrado mientras discurría como resolver aquella situación. Lo cierto es que era un cobarde. Tomó papel y anotó.
* * *
Ella, se levantó de la cama envuelta en la sábana impregnada de nocturnidad y buscó a su compañero por la casa. No lo encontró, tan solo un café frío y una nota:
He ido a comprar el pan, llegaré tarde.
Gastón.
